lunes, noviembre 15, 2004

¿Sin saber por qué?

Me gustan esos momentos en los que el tiempo se detiene de repente por un instante, y todo cambia, y sólo tú lo sabes.

Qué importa si es por un exceso de complejidad; o quizás porque se mezclen los hechos con nuestro lado más tierno e ingenuo. La emoción seguirá siendo la misma revolución de sentidos. Enrevesada y fugaz. Después, ya nada de lo de antes queda, aunque todo siga.

El fuego interno nos quema, pero el deseo nos reserva de apagarlo. Mejor sentirlo mientras dure.

Lo inesperado tiene siempre más fuerza. No se entiende, sólo se presenta. No se puede dudar, ya está dentro.